Muy distinto a las medidas restrictivas establecidas para la población ante el Covid-19, a las empresas nada las ha frenado para seguir operando. Todo lo contrario, siguen en faenas, en muchos casos día y noche, causando serios efectos para la salud de las comunidades aledañas que se resisten a convivir día a día con la contaminación que emanan. Más aún: en las comunas de Quintero- Puchuncaví se han registrado nuevos peaks de dióxido de azufre y varamientos de carbón. Los casos de San Bernardo y El Bosque expuestos a la contaminación por las cementeras, y en Til Til por la escasez de agua y los vertederos también son muestra de la realidad de estas “Zonas de Sacrificio” hoy enfrentando una crisis sanitaria, como lo cuentan en este reportaje.

Por Defensoría Ambiental

En la casa de Luis González usaban mascarillas mucho antes de que se desatara la crisis sanitaria por Covid-19. Recuerda bien cuando su hijo menor se cambió de pieza: estaba feliz porque iba a tener más espacio y una ventana. Pero con el tiempo eso se convirtió en un verdadero martirio. Tenía que mantener la ventana cerrada porque entraba gran cantidad de polvillo generado por una cementera, ubicadas a casi un kilómetro de su hogar. Y no era el único problema: su mamá, que es adulta mayor, hace cinco años padece fibrosis quística.

Esto se vive a diario en el límite de las comunas de El Bosque y San Bernardo, una de las “zona de sacrificio” de la Región Metropolitana por el foco contaminante ubicado a escasos metros del sector residencial. Entre las cementeras que integran el cordón industrial están: Melon, BSA, Readymix, Gymsa, Bottai (pre-fabricados de hormigón), Valvoline. Todas que exponen a más de mil familias al constantemente material particulado fino que emiten, que ensucia sus casas y que respiran a diario. Sumado a la intención de instalar el proyecto Planta de Hormigón Premezclado Santiago Sur, de Inversiones Orange, actualmente en proceso de calificación ambiental. 

Con la contingencia de la pandemia, los vecinos hace semanas iniciaron la cuarentena dictada por las autoridades de gobierno. Aunque no ha sido la regla para estas empresas altamente contaminantes que siguen en plenas faenas, día y noche operando por turnos. 

Desde que el sector nororiente de San Bernardo entró en cuarentena total, el 14 de abril, ha disminuido el tránsito de camiones en el sector, los que dejan material particulado de áridos en suspensión. Sin embargo, continúan trabajando las empresas de transportes, como Sitrans que manipula containers y levantan polvaredas que dejan las empresas de cemento, las que por dirección del viento se dirigen hacia una villa residencial.

Los primeros casos de coronavirus se registraron en el sector que comprende a Santa Laura y la villa Las Margaritas. Surimana Pérez, vecina de esta última villa, advierte sobre la situación crítica del cesfam en el que se atienden desde antes que llegara la pandemia: “Acá tenemos muchos casos de fibrosis pulmonar y niñas/os con asma crónica. Hay otra industria vecina que realiza galvanizado, utilizando plomo, zinc, amoníaco, según relatan sus trabajadores, y no cesó de funcionar. En las noches de toque de queda, presenciábamos nubes tóxicas sobre nuestra población en este período”, relata.

La mayor preocupación radica en los grupos de riesgo que padecen enfermedades pulmonares crónicas, más aún en una zona socio económicamente menos favorecida donde el acceso a la salud es de menor calidad. Noemí Uribe Caro es vecina integrante de la coordinadora ambiental El Bosque, y reconoce que las enfermedades respiratorias han venido en aumento en el sector. “Aquí no tenemos gripes, tenemos alergias bronquiales que son normales y al tiro todo se complica porque hay mucha contaminación”, cuenta. 

Sobre esto Dante Cáceres, profesor del programa de Salud Ambiental de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, plantea que muchos de estos contaminantes están afectando al sistema respiratorio, produciendo una serie de aspectos que se traducen en reacciones inflamatorias a nivel celular. “Esto hace que los sistemas de defensa del sistema inmunitario estén bastantes más deficitarios que en otros lugares. Por lo tanto, si el sistema pulmonar, en este caso, lo hace más débil para protegerse si es que entra en contacto con una partícula viral”, detalla.

En la comunidad, antes que se iniciara la cuarentena, oficiaron a la Seremi de Salud sobre la grave contaminación. Ahora, en medio de una crisis sin precedentes, una vez más ven la vulnerabilidad a la que están expuestos, y el abandono a estos sectores sacrificados para la faena industrial a costa de vulnerar sus derechos fundamentales a la salud y a vivir en un lugar libre de contaminación.

Til Til: escasez de agua y vertederos

A unos 55 kilómetros de Santiago, se ubica la comuna de Til Til, otra zona azotada por la contaminación. La escasez de agua y los basurales son muestras del abandono y las faltas de condiciones básicas de sus vecinos. Aquí se emplaza la chanchera Porkland, la empresa de rellenos sanitarios KDM, Fensa, Aguas Andinas, la planta de procesamiento de residuos industriales Río Claro, la minera Anglo Codelco, entre otras. 

Saby Martínez vive en la localidad de Rungue y trabaja en un liceo hace ocho años. Desde que comenzaron a aumentar los casos de contagios dice que se paralizaron las actividades de inmediato. De hecho, dos casos de contagio eran vecinos de ella. Todo esto no solo ha impactado en lo laboral, sino que también por la cantidad de agua requerida, sobre todo cuando una de las recomendaciones es el lavado frecuente de manos para evitar la propagación del virus.

Aquí la falta de agua se arrastra desde hace más de una década y se ha agudizado por el funcionamiento de las empresas. Es por eso que la comunidad recibe el recurso de manera racionada, durante alrededor de cuatro horas por día, y tampoco es 100% pura. Muchas veces se ha detectado que viene con residuos contaminantes dañinos para la salud.

Saby es secretaria de Agua Potable Rural (APR) y explica que en estos días han recibido agua de Aguas Andinas. Pero el mismo alcalde de la comuna, Nelson Orellana, señaló que los pozos no daban abasto para cubrir las necesidades de la población, que alcanza los 19.312 habitantes. La municipalidad ha enviado tres camiones diarios para sobrellevar la situación, pero las condiciones siguen siendo críticas. “El coronavirus afecta absolutamente todo lo que sea higiene y todo lo que sea tener las condiciones básicas, por eso estamos intentado llegar a los acuerdos correspondientes con la empresa eléctrica comunal para que tampoco tengamos cortes de luz en la gente que no pueda pagar sus cuentas”, dijo el jefe comunal hace algunos días a la prensa.

Por las mismas medidas restrictivas de desplazamiento, los vecinos han tenido problemas para reunirse y discutir sobre la falta de agua. Por otro lado, tener vertederos los mantiene en alerta por focos infecciosos. Aun así, se han cumplido los protocolos en la comuna: la gente se confinó en sus domicilios y no se han reportado víctimas fatales.

Quintero-Puchancaví, la lucha contra las termoeléctricas

En medio de la pandemia, en las comunas de Quintero-Puchuncaví, en la región de Valparaíso, se registró un nuevo peak de dióxido de azufre (SO2): de acuerdo a la norma horaria este no debiera superar los 350 micro-gramos por metro cúbico de SO2. Pero a principios de abril, a primera hora del día este índice se elevó a 385. Casi la totalidad del dióxido es generado por tres empresas del cordón industrial ubicado en la bahía de ambas comunas: Aes Gener, Enap y Codelco Ventanas. Siguiendo la misma línea que los casos antes descritos, este parque industrial tampoco ha cesado su funcionamiento por la contingencia.

La situación ha generado gran preocupación en la comunidad y motivó que la seremi de Medio Ambiente, Victoria Gazmuri, instruyera al cordón industrial bajar las emisiones contaminantes durante este periodo por las consecuencias para la población de riesgo. Aunque esto no sería más que una “medida blanda” para la abogada de la Defensoría Ambiental, Cristina Lux, porque este organismo solo ha hecho recomendaciones a las empresas: no las ha limitado ni ha hecho exigible esta disminución de emisiones. 

Sobre eso Katta Alonso, dirigenta de la Agrupación de Mujeres en Zonas de Sacrificio, asegura que esas palabras no decantaron en nada, solo habló de cumplir protocolos que hasta ahora no se han concretado. “Dependemos de cómo vaya a estar el clima, pero cero voluntad política. Por eso queremos que paren las actividades las empresas. Está irrespirable el aire”, manifiesta.

Explica que ya hay personas diagnosticadas con enfermedades crónicas, la mayoría respiratorias, y si se llegan a contagiar de coronavirus será bastante difícil de sobrellevar. Recalca que el virus podría tener efectos fatales sobre esta población sobreexpuesta a sustancias contaminantes. También se han registrado varamientos de carbón en las playas, algo que cada cierto tiempo los vecinos y organizaciones ambientales han denunciado.

La lucha que han dado las ha llevado varias veces a los tribunales. Uno de los últimos fue la presentación de un recurso de reclamación que sigue en trámite para que las empresas paralicen las faenas, dado que el Plan de Descontaminación, dictado en 2018 por el ministerio de Medio Ambiente (MMA), no ha cumplido su objetivo. “Llevamos desde el 2011 cuando fueron las intoxicaciones de los niños en la escuela La Greda, después en agosto de 2018 y aún no tenemos respuesta. Esperamos que se anule ese plan para que se haga un verdadero plan de descontaminación”, dice consternada.

Refiriéndose a esta contingencia, hace unos días, el abogado y director de FIMA, Ezio Costa, planteó en El Mostrador que en “estas locaciones urge acelerar el fin de la era del carbón, sin perder de vista otras fuentes contaminantes que requieran medidas especiales en este momento”. Y agregó: “Los planes de prevención y descontaminación (PPDA) son los encargados de esta misión, pero están planteados sobre supuestos que desconocían la existencia de este nuevo virus y en plazos que no son adecuados a la contingencia”.

La preocupación en estas comunas también está puesta en las condiciones de funcionamiento de los servicios de salud, que ya han colapsado en ocasiones anteriores por graves eventos de contaminación que desencadenaron intoxicaciones masivas. “Tenemos dos cesfam en Puchuncaví, en Quintero tenemos el hospital grado 4 que no tiene alternativa y en casos de Covid-19 tenemos que irnos al hospital de Viña del Mar [Gustavo Fricke]”, detalla. Esto porque en Quintero no cuentan con ventiladores mecánicos, uno de los instrumentos médicos fundamentales para hacer frente al virus y que escasean en el país.

De esta manera, se observan los dispares criterios que establecen las autoridades frente a la crisis sanitaria: mientras la población en riesgo, como en las comunas antes descritas, ha tomado medidas de protección y confinamiento, las empresas no han paralizado sus faenas, sin permitir el cese de la polución y exponiendo a las comunidades en territorios marcados por la contaminación.

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