Los diputados votaron este miércoles 17/04 la aprobación del TPP-11, generando mucha polémica. Te explicamos por qué rechazamos este acuerdo internacional y por qué es importante movilizarse para que no sea aprobado por el Senado. 

Por Camille Huriaux Quesada

Imagen: Coordinadora por la Defensa de los Territorios

La Cámara de Diputados aprobó el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico con 77 votos a favor, 68 en contra y 2 abstenciones. El TPP-11 une económicamente a Chile con Australia, Brunéi (un país asiático donde se aprobó el mes pasado la lapidación de homosexuales), Canadá, México, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Este acuerdo internacional, según el Gobierno chileno, otorgará por ejemplo mejores oportunidades para la exportación de servicios y de más de 3.000 productos hoy excluidos o limitados en acuerdos bilaterales. Pero detrás de la promesa de una mejor integración económica que beneficie a todo el pueblo chileno, ¿qué se esconde realmente? 

Las organizaciones sociales y los/as ambientalistas son claros: el TPP-11 representa una amenaza a la soberanía del país. Es decir que el poder político que corresponde a Chile como Estado independiente se ve amenazado por distintas razones. Dado que el Tratado se renegociará de manera periódica, los otros países y/o las empresas extranjeras podrán presionar a Chile para que cambie su legislación interna con el fin de «facilitar el comercio y la inversión». Chile Mejor Sin TLCs, quien detalló minuciosamente las razones por las cuales deberíamos rechazar el TPP-11, explica que «si Chile se resiste podrá ser demandado por los otros países o por las empresas de los otros países en tribunales internacionales y privados«.

Además, según el Capítulo 26 del Tratado, «Chile deberá consultar todo proyecto legislativo, reglamentario o de políticas públicas con gobiernos y empresas extranjeras y tomar en cuenta sus observaciones«. Por lo tanto, este acuerdo sobrepasa el simple ámbito económico, para volverse político. El Estado se verá obstaculizado al momento de crear regulaciones medioambientales que limiten las utilidades de las empresas extranjeras o les impongan cualquier restricción regulatoria. ¿Qué pasará con el objetivo de descarbonizar la matriz energética chilena y mundial con un tratado internacional que respalda a grandes empresas contaminantes? ¿Podremos contar eventualmente con alguna norma que regule el arsénico emitido por algunas industrias? Así mismo, el modelo de las AFP será por ejemplo difícil de modificar, como lo explica el economista José Gabriel Palma en Radio La Clave

Y si Chile acepta el hecho de realizar consultas, ¿por qué no lo hace con su propia población? Cabe resaltar que el TPP-11 no ha sido sujeto a un proceso de consulta a los pueblos indígenas, siendo una violación a las obligaciones internacionales que el Estado tiene con estos pueblos. Obviamente, no convenía al Gobierno escuchar la opinión de los pueblos indígenas, quienes junto a los pequeños agricultores, se verán afectados por el TPP-11. En efecto, este obliga a Chile a aplicar el convenio UPOV-91, que deja abierta la puerta a la privatización de variedades campesinas de semillas. Por ende, favorecerá a las empresas de transgénicos tal como Monsanto, generando una desigual competencia entre productores locales y grandes consorcios, una vez que hayan obtenido los patentes necesarios para poder lucrar con aquellas semillas.

Además, el TPP hará difícil o imposible que Chile mantenga la prohibición de cultivos transgénicos para el consumo. Por lo tanto, estaremos expuestos a los peligros de la llamada «biotecnología moderna» (para no decir «los transgénicos»), incluida por primera vez en un Tratado de Libre Comercio firmado por Chile. Por un lado, estaremos intoxicados y por el otro, el tratado trabará la llegada de medicamentos genéricos y mantendrá el monopolio de las industrias farmacéuticas (y por ende, los precios elevados). Estas mismas podrán incluso iniciar litigios para impedir las autorizaciones de genéricos, o al menos, retrasarlas varios años hasta que se resuelva la controversia.

Pero eso no es todo: el TPP-11 reduce los derechos laborales, al reconocer solo cinco tipos de derechos. Entre ellos,  derechos básicos como «condiciones aceptables de trabajo» o «abolición efectiva del trabajo infantil». Es decir que no respalda los derechos siguientes: a la huelga, a contrato, a indemnización, al descanso y vacaciones pagadas, a la jubilación, a un sistema de seguro de salud, a permiso pre y post natal, a no ser despedida por embarazo, a amamantar, a protección contra el acoso laboral. 

Por último, cabe mencionar que el TPP-11 limita nuestra capacidad a proteger nuestros datos personales en internet, porque obliga a los países a permitir la transferencia transfronteriza de información por medios electrónicos. Dicha información podrá ser usada por las empresas con fines comerciales, aprovechándose del vacío existente en la legislación chilena actual. Por otro lado, existe el riesgo cierto que se considere como delito la descarga libre de información por internet si se reponen ciertas disposiciones suspendidas durante la negociación del Tratado (anteriormente TPP). Esto puede ocurrir cuando se vuelva a negociar los términos del acuerdo, ya que las disposiciones más polémicas fueron suspendidas y no suprimidas.

 

Finalmente, el TPP-11 es un tratado nefasto para la autonomía de Chile y la calidad de vida de los chilenos y las chilenas. No creamos que es indispensable y novedoso, tal como lo presenta el Gobierno: en realidad, Chile ya ha firmado acuerdos comerciales con los 11 países que lo integrarían. Esperamos que la situación se de vuelta durante la votación en el Senado, en donde en primera instancia será revisado por las comisiones de Hacienda y de Relaciones Exteriores. #NoAlTPP11